Focalglaç

Hallazgos y encuentros

danihagen | 09 Maig, 2007 00:13

De repente, en la nueva unidad-pasillo con ruedas del metro de Barcelona, suena un móvil.

Al rato, otro, y mientras el resto de viajeros oímos conversaciones ajenas, recuerdo parajes del día.

Esta mañana, cuando iba a comprar un ticket de 10 viajes para el metro, me he encontrado en la máquina expendedora una tarjeta Visa. Iba a nombre de un tal Joshua y he pensado que era de alguien de fuera, creo que latino. La tarjeta estaba metida en la ranura para tarjetas, como si se la hubiese tragado y el usuario, o no esperó a que saliera o no se acordó de cogerla. El caso es que estaba ahí y no lo he pensado dos veces. La he llevado a la chica de la mini oficina de esa parada, le he explicado donde la había encontrado y ella, la puso contra la ventana por si alguien se le ocurre pasar a buscarla. Hace un par de semanas, en un autobús público encontré en un asiento una carta de Hacienda de un titular sin duda inmigrante. En aquel caso, me fui a un estanco, compre un sobre y un sello, y metí la carta, no sin antes escribir una breve nota explicando donde y el día del hallazgo. Escribí la dirección y la eche a un buzón. Me había encontrado la carta de Hacienda y me podía haber ahorrado sobre, sello y paseo hasta el estanco, entregando la carta al conductor. Pero pensé que el conductor quizás creyese que no era importante y la echase a la basura.

Hace un mes aproximadamente subí a un autobús para hacer un corto recorrido, andando no más de 20 minutos, pero llegaba tarde a la cita y el bus, curiosamente apareció por allí. Al momento de introducir el ticket en la máquina de control, esta emitió un sonido estridente indicándome que no disponía de más viajes. Entonces le dije al conductor que si podía abrirme la puerta, porque no tenia dinero suelto, lo mas bajo un billete de 50¬, y creía que debía bajarme. El conductor, muy amable, me dejo hacer todo el trayecto gratis mientras me explicaba curiosidades de su servicio. Créanme que no todo son bondades. También he maldecido hasta la madre que parió a algún conductor de metro cuando, después de casi precipitarme bajando rápido por las escaleras empinadas de mi estación habitual, este arranca el convoy sin esperar que entre en el vagón. El caso es que hay conductores que te esperan, y otros, que no.

Más cosas. El Shilling hoy estaba como siempre, fantástico. He desayunado y me hubiese quedado allí a pasar el día entero observando a la gente que entra y la multitud que pasea por la calle.

Tres vistas del Shilling Bar de calle Ferran, Barcelona 

 

Tenia clase de yoga y Oriol, al que me encontré al rato de estar allí, me convenció para que fuese. No pude hacer más de media hora, porque me daba vueltas la cabeza, y no precisamente por tener un trance. Así que me fui a esa terraza soleada y tranquila a esperar a que la clase terminase. No hubo mucha tranquilidad porque conductores estresados tocaron seguido sus bocinas hasta ponerme de los nervios. Suerte que Oriol me invito a un cigarrillo de la risa al salir de clase, y mi estado paso a un volátil estado de ñoña. Así fui a comer con Afar. Fuimos al Barcelonia, en pleno Born, y nos sumergimos en una crema fría del tiempo y tres trozos de carne de no más de dos milímetros de grosor.

Me cuenta anécdotas de su día a día y yo le interrumpo constantemente porque me gusta saber al detalle que pensamientos pasan por su cabeza en cada caso. Después, a la manera de siesta paseamos por las callecitas del barrio y descubrimos cosas curiosas. Por ejemplo, una tienda que, aun siendo propietaria del local de planta de calle y primer piso, cierra el cajón de calle pública con una cristalera. Así, puertas, ventanas, y balcones quedan dentro como un escaparate y produce una sensación casi de decorado de teatro.

También descubrimos una ventana en forma de vitrina piramidal que sobresale de una fachada pintada en un fuerte ocre.

Le muestro a Afar la arquitectura del Hotel Park, obra del arquitecto Antoni de Moragas, que me fascina. De estilo racionalista, con la barra de bar con gressitte que sobresale hacia la calle. Y los separadores entre balcones pintados en cada piso con la gama pastel.

 

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